Razones por las que muchas personas evitan la psicoterapia
- Psic. Benjamín Cardoso

- 8 dic 2025
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 21 dic 2025

La psicoterapia puede ser una herramienta poderosa para sanar, comprenderse y transformar la vida de las personas. Este proceso terapéutico no solo se centra en la resolución de problemas inmediatos, sino que también ofrece un espacio seguro para explorar emociones, pensamientos y comportamientos que pueden estar afectando la calidad de vida. Sin embargo, muchas personas nunca llegan a una consulta, a pesar de que lo necesiten o lo deseen en silencio, anhelando una guía que les ayude a navegar por sus dificultades internas y externas.
No porque no quieran mejorar, sino porque hay barreras emocionales, sociales y económicas que lo hacen difícil, imposible o incluso amenazante. Estas barreras pueden incluir el estigma asociado a la salud mental, que puede llevar a las personas a sentir vergüenza o miedo al ser juzgadas por buscar ayuda. Además, las limitaciones económicas pueden impedir que muchos accedan a los servicios de terapia, ya que el costo puede ser un obstáculo significativo en un mundo donde las prioridades financieras suelen estar centradas en necesidades básicas. Por otro lado, las barreras emocionales, como el miedo a confrontar traumas pasados o la incertidumbre sobre el proceso terapéutico, pueden generar una resistencia que impide que las personas den el primer paso hacia la sanación.
Este artículo no busca convencer a nadie de que “debe” ir a terapia. Más bien, se propone un enfoque que invita a la reflexión y al entendimiento, con honestidad, por qué tantas personas la evitan. Es fundamental reconocer que cada individuo tiene su propia historia y contexto, lo que influye en su decisión de buscar o no ayuda profesional. Al nombrar esos obstáculos desde la empatía, no desde el juicio, se abre un espacio para la comprensión y la aceptación de las luchas que enfrentan quienes se sienten atrapados en su sufrimiento emocional.
¿Razones por las que muchas personas evitan la psicoterapia?
1. El costo: la terapia como privilegio económico
Una de las razones por las que muchas personas evitan la psicoterapia es el precio. En México, una sesión individual de terapia puede costar entre 400 y 2,500 pesos, lo que representa una inversión significativa para muchas personas. Este costo no solo se refiere a una única sesión, sino que también implica un compromiso semanal que puede extenderse durante meses o incluso años, dependiendo de las necesidades de cada individuo y de la complejidad de los problemas que enfrentan.
Por otro lado, el sistema público de salud está saturado, con listas de espera que pueden extenderse por meses, lo que genera un desánimo adicional para aquellos que buscan apoyo. Así, la psicoterapia, que debería ser un derecho fundamental para todas, se transforma en un lujo inalcanzable para una gran parte de la población, perpetuando un ciclo de sufrimiento y desatención en la salud mental de la sociedad.
2. Estigmas sociales
Aunque ha avanzado en algunos aspectos, el estigma alrededor de la salud mental sigue siendo un problema profundamente arraigado en nuestra sociedad actual. A pesar de que se han realizado esfuerzos significativos para educar a la población sobre la importancia de la salud mental y la necesidad de buscar ayuda, todavía persisten prejuicios y malentendidos que afectan a millones de personas.
En algunos entornos, hablar de ansiedad, depresión o trauma aún se interpreta como un fracaso personal, no como una respuesta lógica a condiciones difíciles. Esta percepción errónea crea un círculo vicioso en el que las personas que sufren de problemas de salud mental se sienten aún más solas e incomprendidas, lo que a su vez puede agravar sus síntomas y hacer que se sientan incapaces de buscar ayuda.
3. Falta de confianza en el proceso
Otras personas dudan porque no entienden cómo funciona la terapia. Esta falta de comprensión puede llevar a malentendidos y a la perpetuación de mitos que rodean la práctica terapéutica. A menudo, piensan que:
Es como hablar con una amiga.
No requiere esfuerzo como tomar medicina.
No es efectivo
La terapeuta me tiene que decir qué hacer.
La terapia no es solo un espacio para desahogar emociones; es un proceso estructurado que varía en enfoque, como la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) o la Terapia Sistémica, respaldadas por investigaciones. Estas modalidades enseñan habilidades prácticas para la vida diaria, como la regulación emocional, la detección de patrones de pensamiento disfuncionales, la asertividad en la comunicación y la tolerancia al malestar, empoderando al individuo para enfrentar desafíos y mejorar su calidad de vida.
4. Miedo a enfrentar el dolor
Ir a terapia significa, muchas veces, mirar hacia adentro. Y eso duele. Este proceso de introspección puede ser desafiante y, en ocasiones, aterrador. La terapia nos invita a confrontar aspectos de nosotros mismos que hemos mantenido ocultos, a menudo por miedo o por la incomodidad que estas verdades pueden generar.
Es humano querer protegerse; el inconsciente prefiere lo conocido, aunque duela, a lo desconocido, aunque libere, buscando seguridad. Esta tendencia provoca ansiedad y resistencia hacia lo desconocido, llevando a evitar o posponer la terapia y el proceso de sanación. Sin embargo, el crecimiento personal ocurre fuera de la zona de confort.
La evitación, aunque parece protegernos del dolor, perpetúa el sufrimiento. Ofrece alivio temporal, pero impide una sanación profunda y una vida plena. La terapia, aunque desafiante, es una herramienta poderosa para enfrentar miedos, liberarse del pasado y construir un futuro esperanzador.
5. Desconfianza hacia la terapeuta
No todas las experiencias terapéuticas son positivas. Algunas personas han tenido malas experiencias que pueden dejar una huella duradera en su camino hacia la sanación y el bienestar emocional. Estas experiencias negativas pueden surgir por diversas razones y pueden afectar profundamente la percepción que una persona tiene de la terapia en general:
Terapeutas que juzgan, minimizan o dicen que hacer: En ocasiones, algunos profesionales de la salud mental pueden adoptar una postura crítica o despectiva hacia las preocupaciones de sus pacientes. Esto puede manifestarse en comentarios que minimizan la gravedad de los problemas que enfrentan, haciendo que la persona se sienta incomprendida o invalidada.
Diagnósticos, etiquetas cerradas: El uso de diagnósticos en la terapia puede ser una herramienta útil para entender y tratar problemas de salud mental, pero cuando estos diagnósticos se convierten en etiquetas fijas, pueden ser perjudiciales. Las personas pueden sentir que su identidad queda reducida a un diagnóstico, lo que puede limitar su percepción de sí mismas y su capacidad para crecer y cambiar. Esta sensación de estar atrapado en una categoría puede generar frustración y desmotivación, haciendo que la persona se sienta como si no hubiera salida a su situación.
Enfoques que ignoran el contexto social, familiar o cultural: La terapia que no toma en cuenta el contexto en el que vive una persona puede resultar ineficaz. Cada individuo está inmerso en una red de relaciones y circunstancias que influyen en su bienestar mental. Ignorar factores como la dinámica familiar, las experiencias culturales y las condiciones socioeconómicas puede llevar a una comprensión incompleta de los problemas que enfrenta el paciente. Esto puede hacer que las intervenciones terapéuticas no sean relevantes o aplicables, dejando a la persona con la sensación de que sus verdaderas luchas no son comprendidas ni abordadas.
Falta de empatía, frialdad, distanciamiento: La conexión emocional entre la terapeuta y el paciente es fundamental para el éxito de la terapia (rapport). Sin embargo, algunos terapeutas pueden mostrar una falta de empatía, lo que puede manifestarse en un enfoque frío y distante. Cuando un paciente se siente tratado como un simple número o un caso más, puede resultar en una experiencia desalentadora que no fomenta la apertura ni la confianza. La falta de calidez y conexión humana puede hacer que la persona se sienta aún más aislada en su sufrimiento, lo que contradice el propósito de la terapia.
Esto genera desconfianza legítima. Si quien debería escucharte te hace sentir peor, ¿para qué volver? Esta pregunta resuena en la mente de muchos que han tenido experiencias negativas en terapia.
6. Debo ser capaz de sanar sola
Muchas personas creen erróneamente que pedir ayuda es una señal de debilidad. Existe una percepción común que sostiene que “una persona fuerte se resuelve sola”, lo que implica que la autosuficiencia es un valor primordial que todos deben alcanzar. Esta idea, profundamente arraigada en nuestra cultura, puede llevar a un sufrimiento innecesario y a la perpetuación de la soledad.
Se normaliza el agotamiento, la soledad y el silencio. Muchas personas se ven atrapadas en un ciclo de sufrimiento, sintiéndose aisladas y sin la posibilidad de compartir sus luchas con los demás.
Pero pedir ayuda no es debilidad. Es un acto de inteligencia emocional. Reconocer que no podemos hacerlo todo solas es un signo de autoconocimiento y de madurez. La terapia no es para “arreglar” a alguien roto. Es un espacio seguro para acompañar a alguien que quiere vivir mejor, donde se pueden explorar emociones, desarrollar habilidades de afrontamiento y encontrar nuevas perspectivas sobre la vida.
Al abrirnos a la posibilidad de recibir ayuda, también estamos dando un paso hacia la construcción de relaciones más auténticas y significativas. La vulnerabilidad puede ser una fortaleza, y al compartir nuestras luchas, no solo nos liberamos a nosotros mismos, sino que también permitimos que otros se sientan cómodos al hacer lo mismo. En este sentido, el acto de pedir ayuda puede ser profundamente transformador, tanto para el que pide como para el que ofrece apoyo.



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